21 jul. 2016

Verano de Momentos y Leyendo Ciencia Ficción

Buenos días, navegantes.

Hoy os traigo dos entrevistas para que podáis conocer un poco más mi obra y también mi trabajo como editor.

La primera es una video-entrevista que me hizo la periodista y escritora Elga Reátegui, dentro de su espacio "Momentos". La podéis ver íntegra en Youtube:

Elga Reátegui entrevista a Sergio R. Alarte

El segundo espacio, Leyendo Ciencia Ficción, es un podcast que trata sobre este género y me centro más en Butterfly Edición Integral, así como en las obras de cifi que tenemos en Kelonia.
Se oye de vicio en IVOOX, os dejo el enlace:

Sergio R. Alarte en Leyendo Ciencia Ficción

Eso es todo por ahora, espero que tengáis un verano fenomenal y que este nos sirva a todos para renovar nuestras energías positivas y volver a tope a por lo que nos queda del 2016.

Sea a donde sea que vayas, buen viento, navegante.

9 may. 2016

Lee ya Butterfly Edición Integral

Está disponible el adelanto de 80 páginas, consigue ya tu billete para la nave más gamberra de las galaxias y no vayas de polizón.

¡Embárcate aquí! Billete interestelar



Si te lo pasas en grande, consigue en la misma página el pase para leer la historia completa. La Edición Integral contiene, en un solo libro, las 5 historias consecutivas que conforman la epopeya de "Butterfly" con 25 ilustraciones (5 por cada una) de David Puertas. ¡Y por un precio irrisorio, menos que un montón de chatarra estelar!

Nos vemos en la corbeta, navegantes.

24 feb. 2016

Pacto de belleza

Hacía ya mucho tiempo que no me dejaba caer por aquí, demasiado quizás. Sería para mí un placer compensaros con este relato, espero conseguirlo, ¡de verdad! ¿Me aceptáis una copa de vino?



Pacto de belleza


Había pasado la hora de la comida cuando llamaron a su puerta con golpes de apremio. El sirviente fue a abrir y regresó hasta el salón, acompañado de un hombre ricamente aderezado, pero sucio por el polvo de muchas leguas. Aquel se identificó enseguida como emisario de su señor el rey Almohade. Puso en las manos del Caballero de la Media Luna un papiro lacrado y se retiró con reverencia, cerrando la madera.
—¿Qué será este mensaje, mi señor, que llega en hora demasiado tempranera? —preguntó el sirviente, usando de la confianza habitual entre ambos siempre que se encontraban a solas.
El señor desplegó el papiro con manos ansiosas, embargado por un presentimiento funesto. Los segundos se tornaron minutos mientras leía. La sombra de una duda anegó sus facciones, por lo común severas, en cuanto hubo terminado.
     El sirviente carraspeó con ensayada ligereza, para sacar al caballero de su zozobra.
—Oscura es la hora además de temprana, mi fiel Abdul. Pues hasta oídos de mi rey han llegado rumores de mis devaneos con la Dama Sol, y no entiende ni aprueba que me entretenga tanto en terminar con unos viñedos que, por su bravura, más parecen guerreros de Don Rodrigo que matas de uva tierna.

Aquella misma tarde el señor musulmán acudió a los viñedos de la Dama Sol, acompañado tan solo de Abdul. Era la hora en que la media luna puede verse ya en la cúpula celeste, vaporosamente ataviada con crestones blancos, mientras que el sol se pone todavía entre púrpuras. Este cielo espectacular se conjugaba sobre legiones de gráciles parras descolgadas en sus postes. Los terrenos tapizados de verde y oro marcaban el confín alrededor de la hacienda, hasta allá donde la vista podía abarcar. La Dama Sol leía bajo la techumbre del caserío, con los cabellos levemente desordenados por los dedos de la brisa vespertina. El joven señor observó una hamaca de mimbre vacía, que parecía esperarle, y se aproximó hasta ella mientras que Abdul se iba a dar un paseo entre los campos de cultivo, dejándolos solos. 
Esa vez el caballero notó inmediatamente dos diferencias y una semejanza respecto a sus tres visitas anteriores. Inesperadamente, había puesta sobre la mesa una botella cristalina con un fluido del color de las cerezas maduras. Sobre ella incidía un postrero rayo de luz. La acompañaban dos copas: una vacía, llena la otra. La dama no levantaba todavía sus luceros de un volumen apergaminado, que sostenía entre los dedos lívidos. Igual que las tardes anteriores, un remolino de sensaciones contradictorias, con regusto de pecado, afloraron a su pecho cuando la Dama Sol alzó sus iris azulinos y halló los negros del caballero. Hoy tampoco vería la hora de anunciar a aquella mujer el motivo de su advenimiento.
Seguía siendo incapaz de destruir el paraíso de aquella infiel.
—¿Cuál es ese libro que subyuga vuestros sentidos más allá de mi llegada, más allá de este momento único, en que vuestro sol y mi luna pueblan el cielo como una sola luz?
—No diré que conozco el motivo de vuestra llegada, ni tampoco que sé de quién recibisteis un mensaje después de la comida... —respondió la dama con una voz distante—.  Este libro habla de Plotino, un filósofo griego que teorizó sobre la belleza del Uno.
—¿El Uno? ¿Es acaso el Dios humano de los cristianos? ¿O es Allah, el Dios de mi pueblo? —respondió el caballero, recelando. La mujer negó, ladeando la cabeza con un brillo idealista en la mirada.
—El Uno y su belleza son todos los pueblos juntos, musulmanes, judíos y también cristianos. El Uno sois vos, y soy yo, y es este vino que aguarda sobre la mesa. Es la copa llena, y también la vacía, que será llenada.
¿Cómo podría destruir él a aquella dama, aquellas tierras fértiles, aquel instante sublime robado al olvido? Acaso la prueba final pudiera ser cosa de un simple beso... no sería la primera vez, pensó desesperado. Si probaba aquellos labios finos pero seductores, dotados del mismo tono que la sangre de Dioniso, y no sentía nada, todavía había esperanza para su familia, su rey, su Dios. Inmediatamente su voz templada dio forma a los pensamientos, urdiría con habilidad una maraña filosófica de la que, pensó, la hermosa infiel no escaparía tan fácilmente.
—El Uno que mencionáis, Dama Sol, esa belleza que participa de todo y de todos, ¿se encuentra igual en los actos de unión, o tan solo anida en las cosas y en lo seres?
—¿Cómo separar la belleza de los actos hermosos? ¿Cómo discernir entre la Venus de Milo y el sacrificio de una madre por su hijo? ¿O el de una amante por su amado?
—Juntemos entonces nuestros labios, hagamos que el sol y la luna que están ahora en un mismo cielo prolonguen esa unión estelar en nuestras bocas, que choquen los astros y se fusionen la Dama Sol y el Caballero de la Media Luna —la incitó él.
La joven de cutis margarita asintió, y su corazón dio un vuelco. Aproximó lentamente su rostro, propiciando el instante que había reinventado en medio de su tormento devoto cada noche, incluso durante los breves momentos en que soñaba despierto, desde que la vio por primera vez en un crepúsculo como aquel entre viñas. Acercó su rostro de pétalos y polen, hasta que el joven pudo sentir su respiración en su propia nariz. Acudía tibia y fresca por aromas dulces de uva. Sin duda la dama había estado tomando...
—No degustaréis mis labios antes de catar mi vino —repuso ella en el último segundo, alejando el anhelado premio cuando el hombre ya se creía fulminado de gozo.
—No será tan flaco mi ánimo, ni tan temblorosa mi mano, que ceda ahora en este empeño —respondió él, desequilibrada por entero su resolución anterior. Llevó la copa a sus labios y su paladar se deshizo, para aflorar de nuevo con los gustos de la tierra y la madera, de la vid y de la parra, del sol y de la luna. Apuró todavía otro sorbo, y al acercarse los labios de la mujer aún con la copa entre sus dedos, polícroma de plata y oro, llena de noche y día, sintió tan solo el ánimo para una venganza baladí y bella.
Interpuso el cristal entre sus bocas: “No probaréis mis labios, Dama Sol, sin antes probar mi vino”, dijo.
La dama bebió con elegancia, demorando su trago, sin apartar su mirada prendada. Más tarde se entregarían a la ambrosía de la pasión. No importarían dioses, ni colores de piel, no habría conquistadores ni subyugados.
Fluido, amante y amada, fueron Uno desde entonces y para siempre. 




19 jun. 2014

Despedida de tinta y tiza

Hace ahora dos o tres meses que se “celebró”, no sé bien si son tres o dos, podrían ser más, pues el tiempo es relativo y más cuando uno está del Otro Lado del cristal, el aniversario de la muerte de un insigne escritor llamado Julio Cortázar. Es curioso que sea justamente yo, alguien que no conoce demasiado bien su obra, ni tampoco su azarosa biografía, quien se atreva a escribirle algo por el veintitantos aniversario de su muerte, y para más sarcasmo con varios meses de retraso. Pero sin embargo me creo en mi derecho. Y me explicaré de tal forma que no quepa ninguna duda.

Conocí a Cortázar hará cosa de unos diez años atrás, de la boca de un poeta amigo mío y mejor recitador que yo. Esto último no espero que sorprenda a nadie, pues se trataba del mejor recitador que nunca he escuchado. Hablaba como entre sueños con la voz de un tenor. El caso es que este poeta amigo mío era, como tantos otros poetas, fiel seguidor del camino de tiza de la niñez; o cómo en palabras de profanos: uno de esos que idolatran esa novela rara que se llama Rayuela. Efectivamente, el susodicho amigo hablaba maravillas de aquel libro, decía que se podía leer de dos formas: del principio al fin, como cualquier otra novela, o siguiendo un orden alternativo que el autor nos proponía. Creo recordar que para mayor desaguisado, el orden alternativo empezaba en el capítulo cuarenta y seis o algo así. No espero que se me perdone mi mala memoria, pero en diez años pueden suceder tantas, tantas cosas... En cualquier caso, tras decirme aquello mi amigo, que en realidad me parecía entonces sólo un dulce e inteligente conocido, sonreía como para sí mismo y añadía pronto: “Aunque la mejor lectura es siempre la tercera, la que uno hace siguiendo los capítulos como le da la real gana”. Ahí es donde yo quedaba definitivamente maravillado con el asunto. Si a ello sumamos que el tal poeta tenía dos poemas muy buenos dedicados a Cortázar y que la cita con que empezaba uno de ellos era algo así como “¿Así que vos también sós de tiza?”, se entenderá que en menos de un mes el libro cayera en mis manos, de una forma más bien poco honrada que mantendré en secreto. Aquí me gustaría decir que mi amigo poeta, que ya me empieza a cansar y desaparecerá pronto de este homenaje al bonaerense del puro, había tenido la fortuna de leer ese libro en el bachillerato. Debería ser obligatorio que todo el mundo tenga la opción de leer Rayuela. Yo lo hice a tiempo, y nunca me arrepentiré. 
          Hoy, incluso, he llegado a comprender que la vida y la muerte son un poco como ese libro, Rayuela. Que ciertas personas siguen un orden en la vida mientras algunas otras se conducen por uno completamente diverso, y hay quienes saltan de un episodio a otro sin ningún orden ni concierto que podamos apreciar. Como ese libro, como todos los libros, toda historia termina con un fin. Y decidirlo está en nuestra mano, con el permiso del autor. Acaso la dulce transición de Tanatos nos eleve entre dos mundos, cercana a un pesado sueño en el atardecer echados sobre un césped aromático; quizás el final batallador de Hades, con el fuego de una idea en la mirada. O tal vez uno diferente de ambos.
En esos años yo me sentía de tiza, pero no como esa que suele manejar un maestro, no, la sensación era más bien como la de una tiza vuelta polvos que flota vigorosa con el viento vespertino, para chocar en su trayecto alegre con alguna pared de un edificio feo y gris, cayendo de nuevo en el asfalto a la espera de la siguiente ventisca. La primera lectura, me insufló más pájaros en una cabeza donde ya tenía buena jaula, de manera que empecé a escuchar jazz y blues, a divagar a menudo delante de un papel y cómo no, a acentuar mi ya asentada afición a la nocturnidad. Además, ese libro tiene un efecto curioso sobre mi destino, pues lo vinculo al desamor y a la pérdida en el sentido más literal de la palabra: sucede que cuando lo presto no me lo devuelven, y cuando no lo pierdo prestado, lo regalo sin querer. Después de aquello, entre Borges, Quevedos y Vallejos, seguidos de Larras y Esproncedas, cayeron dos libros más de Cortázar en mis manos, dos libros de cuentos cortos, los dos muy de mi gusto; recuerdo que uno de ellos contaba cómo se quedaban cientos de vehículos atascados en una autopista, cuando iban camino del trabajo, y que se establecían relaciones intimísimas y de lo más variado durante las horas y los días que se pasaban en el atasco los ocupantes de los vehículos, y creo que recuerdo también que cuando uno ya empezaba a encontrarse a gusto en la autopista que se había convertido en una suerte de hogar improvisado, se arreglaba el atasco y todos se volvían cada uno dentro de su coche, para seguir circulando como si nada hubiera sucedido nunca.
La vida es un poco así, desgasta como una puta salida de una fábula que se dé a la fuga con el amanecer. El caso es que yo quería hablar más de Rayuela, pero me voy por los cerros. Yo creo que ésta, que es para muchos la mejor obra de un escritor magistral, uno de los pocos alquimistas que sabían hacer fuego en la mente (el mal llamado “realismo fantástico”, porque es imposible creer que dos palabras acierten a describir ninguna verdad relativa), creo que Rayuela encierra, en fin, tres claves. La primera ya ha sido mencionada, el amor y el desamor, que para más seducción del lector se nos presentan teñidos por la atmósfera de la bohemia parisina de los años cincuenta, donde la pintura se mezcla con la música, y la filosofía con la poesía y el malditismo con la excelencia. La segunda son la vida y la muerte, serpiente de Uróboros que se lame la cola forjando el enigmático anillo del sino. No diré nada de la última de las claves, pues pienso que lo expuesto hasta ahora hubiera sido ya razón más que de peso para que un indeciso inventor Morelli se hubiera decidido a leer la novela. O a rezumar vida hasta que la muerte venga a su encuentro, por tinta o por tiza, de amor o de soledad.
Hace ya treinta años murió un gran escritor, pero Cortázar no, porque el muy diablo dejó pedazos de su espíritu en cada libro que escribía. Y a pesar de que no soy yo, precisamente, el más adecuado para escribir estas líneas más emocionadas que lúcidas, (sinceramente, creo que he terminado siendo más Traveller que Horacio), sólo puedo decir que la Maga viene a mi encuentro alguna vez todavía, por casualidad en aquel puente sobre el río Sena; lo hace tras vagabundear todo el día por los bazares de la ciudad, envuelto en un yo cabizbajo, apocado, sabiendo a cada hora que ella también camina por aquellas calles.
La miro mientras finge el encuentro por sorpresa, con los ojos muy abiertos y hermosos.
Entonces pongo mis labios en su oído y le susurro, sólo, una palabra: Vodka.



[Basado en mi anterior relato “BEE BOP, Réquiem por un soñador llamado Cortázar”].

12 jun. 2014

Las lecturas son para el verano


Hoy comienza el Mundial de fútbol, y aunque esto no tiene mucho que ver con libros, ni desde luego posee suficientes puntos comunes con las novelas de las que os voy a hablar ahora como para construir una analogía, bueno, ya que resulta que últimamente solo me dejo caer por aquí en los años bisiestos como quien dice, dejadme que desvaríe un poquitín.
    El verano es buena época para las letras, sin duda. Los que tenemos el vicio de juntarlas solemos aprovechar las vacaciones para entregarnos a la hoja en blanco y mancharla sin piedad, con gusto, premeditación, alevosía y, por qué no, cierta nocturnidad. Además podemos devorar libros con más espacio que el resto del tiempo.
    Por eso os traigo mis últimas lecturas, pasad, ved, y si os apetece una de ellas, ¡daos el gustazo!

Como desees, de Anabel Botella

Empiezo con la novela ganadora del Premio Ella Juvenil Romántica 2013 de Montena. Tengo la suerte de conocer a Anabel desde hace años, pero esta es la primera novela suya que cae entre mis manos, pese a que es la tercera que publica. No será la última.




Entremos en materia…
       La acción se inicia, como otras tantas novelas juveniles, en el lugar común del viaje estival. La protagonista, Emma, llega a Caños del Agua para veranear con su padre, su madrastra, su hermanastro Niko y su hermana pequeña.
        La primera diferencia respecto a otras obras juveniles que parten del mismo planteamiento, nos la encontramos nada más llegar Emma a la estación del pueblo. Allí la espera Niko, y nosotros asistimos al encuentro con sorpresa por su forma de hablar… ¡El chico no para de usar diálogos de películas de culto! Pero no es solo eso, algo en Emma ha cambiado desde la última vez que se vieron: se está convirtiendo en una mujercita, igual que Niko ya no se muestra tan insoportable como antes. A partir de aquí y hasta la recta final del libro, la tensión sexual entre los dos hermanastros va en aumento convirtiéndose, con sus altibajos, en el verdadero eje central de esta novela romántica. 
     Me ha encantado leer fragmentos memorables de algunas de mis pelis favoritas mientras devoraba una historia que se lee realmente rápido. Y si hay que destacar algún film, sería el que además se basa en un libro y que da título a Como desees; no es otro que La princesa prometida. Las alusiones al pirata Westley y a Buttercup o a Íñigo Montoya, nos conectan a una misma vez con la magia de la historia de fantasía romántica escrita por William Goldman y el romance de misterio urdido por Anabel.
     Volviendo a Niko y Emma, el punto culminante de la mencionada tensión sexual se alcanza, a mi parecer, en la conversación por Whattsapp de altos decibelios que ambos jóvenes mantienen entre ellos, estando el padre, madrastra y hermanastra presentes, muy subidita de tono, de hormonas y de grados… Ideal para los calores veraniegos, oigan. Diré también que su autora me confirmó personalmente que esa conversación es de inspiración real (y ahí lo dejo, que no quiero que se me enfade)…
       Respecto a la trama de misterio y asesinatos, que entra con muy buen pie y un formato muy adecuado en la novela, es quizás la parte menos beneficiada por el intenso rifirrafe entre Emma y Niko. Las citas bíblicas son usadas certeramente por la autora para esbozarnos unos cuadros psicópatas realistas, sin embargo en el momento culminante, hacia la mitad final de la novela, el exceso de personajes de Caños que no han sido retratados con suficiente detalle nos lleva a perdernos en buena parte de la investigación, sin saber exactamente quién es cada uno. En contrapartida, sí que se palpa en las páginas el miedo y el desconcierto que sufren los protagonistas, en especial Emma pero también Niko, cuando nadie sabe quién es el culpable ni quién será la siguiente víctima del asesino que anda suelto...
   Debo añadir para hacer justicia que los mejores personajes secundarios los encontramos en la familia de Emma, sus relaciones están muy bien tratadas; en especial me ha cautivado la ternura y la inocencia de las escenas que la familia vive con la pequeña princesa de la casa, la hermanita de Emma.
     En mi opinión, Como desees es altamente recomendable para cuando nos apetece una lectura ligera, pero con miga y salsa, con diálogos vibrantes, una trama ágil y ese pedigrí del cine de siempre bien entendido.

Muerte de la luz, de George R. R. Martin

Siendo fiel a un género que ya empieza a ser tradición en esta, la sección de mis lecturas, vamos con algo de ciencia ficción de enjundia.
     Muerte de la luz fue la primera novela de Martin, hoy de sobra conocido por el boom de su saga de fantasía, Canción de Hielo y Fuego, que ha sido serializada para la pequeña pantalla por HBO con el nombre de “Juego de Tronos”. La novela que nos ocupa se ha convertido hoy, cerca de cuarenta años después de su publicación en 1977, en una verdadera obra de culto en la ciencia ficción. Es publicada en España por Gigamesh.




Recuerdo que mientras iba leyendo la novela, la comentaba con algunos amigos “juntaletras” como yo; en especial le di la vara a Irene Comendador durante la celebración del reciente evento Esmater, una noche por Madrid con algunas cervecitas en el paladar. Recuerdo además que yo le parloteaba de cómo Martin había trazado en apenas unas páginas la creación, la cúspide y el declive de un mundo, Worlorn, de manera francamente magistral. Tras este principio, que debo admitir que me entusiasmó, Dirck T’Larien, el protagonista, atraviesa galaxias para ir a reunirse con Gwen, un antiguo amor que le quedó marcado. Una vez aterriza en Worlorn, será testigo de las consecuencias del paso de una gran feria galáctica por el planeta. Esta feria, que vendría a ser como una Expo a lo bestia, dejó infraestructuras colosales, edificios tan enormes como ciudades para que os hagáis una idea, que hoy están prácticamente abandonados. Porque Worlorn es un mundo que se muere con su sol, y con ellos, también agonizan sus habitantes. Aquí viene otro de los puntos geniales de la novela: el detalle y trasfondo de que Martin dota a la cultura Kavalar, la principal de Worlorn, nos hace creernos desde el principio hasta el final que estamos en un planeta primigenio que se conjuga de manera exótica, romántica si se quiere, con una tecnología de láseres y naves. Los Kavalar son machistas, primarios, aficionados a la barbarie y los duelos. Pero también guardan cierto sentido del honor que nos lleva a establecer una relación empática con ellos, más allá de su carisma bestializado.
Permitidme ahora que recuerde cuando comenté esta novela con más gente, por las calles de Barcelona tras la inauguración de la nueva librería Gigamesh, y sólo una semana después de darle la vara a la buena de Irene en Madrid. En esta ocasión caminaba con lo más granado de los escritores de este país, además de buenos y admirados colegas. Empecé conversando con Juan Miguel Aguilera, que siempre me habló maravillas de esta novela y es autor de la magnífica portada que acompaña estas líneas. Después se nos unieron Javier Negrete, Rafa Marín y Rodolfo Martínez, y el comentario más repetido por semejante trinidad fue el de: “El protagonista de esa novela es un pringao. Un pagafantas”. No pude sino carcajearme, aunque a Juanmi no le hizo mucha gracia. Y para mí ese es quizás el único pecado de una novela, por lo demás, sobresaliente: Dirck es un poco antagonista, no es un héroe al uso. Aunque, ¿es eso un defecto o una virtud? A vuestro criterio lo dejo. Solo me queda mencionar el acierto con que Martin maneja los personajes desde esta su primera novela hasta sus últimas obras; en Muerte de la luz son pocos pero muy bien trazados. Vikary, Janacek y Gwen forman un triángulo amoroso difícil de describir en pocas líneas, uno en el que Dirck irrumpe un poco “a por uvas”…
Y hasta aquí puedo leer, solo decir que si eres un lector voraz de clásicos de CiFi, este no debería faltar en tu biblioteca.


Jonathan Strange y el señor Norrell, de Susanna Clarke

Para terminar con las más excelentes de mis últimas lecturas, os traigo ahora una obra de fantasía publicada en castellano por Salamandra. Aunque he de admitir que quizás no sea "de fantasía" la definición más adecuada para la ópera prima de Susanna Clarke, y me explico. Cuando tecleamos su original, largo y difícilmente recordable título en San Google, donde dice género, podemos leer: “Género fantástico, Ucronía, Novela histórica, Ficción especulativa”. Pues bien, este libro contiene todo eso. La fantasía de la magia, pues magos son sus dos protagonistas. La ucronía de una realidad alternativa, pues vemos a sus protagonistas (ficcionales) interactuar con personajes y capítulos históricos (reales). Novela histórica, donde pasaremos por las guerras napoleónicas en España y Portugal. Y ficción especulativa, porque además asistiremos a la invención de la historia de la magia inglesa por Susanna Clarke, desgranada por unas notas a pie de página que son tan extensas, numerosas y perjudiciales para la vista, como beneficiosas para el espíritu y la imaginación.




¿Pero de qué va la novela? Te estarás preguntando, lector insaciable, si acaso con este esbozo taxonómico, por lo demás falto de brillantez, he conseguido aguijonear tu curiosidad. Durante sus ochocientas páginas largas, la autora nos cuenta el resurgir de la magia inglesa en la primera mitad del siglo XIX. Todo comienza con un cónclave de los magos ingleses en York, y una pregunta que tan ilustre concilio se hace: ¿por qué ya no hay magos prácticos en Inglaterra? Todos ellos son magos teóricos, y con esta interrogante inician el rescate de la tradición del Rey Cuervo —o John Uskglass, también llamado curiosamente el Rey del Norte, a los lectores de Martin os sonará—. Es el Rey Cuervo un misterioso y venerado mito medieval, mestizo de duendes y humanos, que siglos atrás asentó las bases de la magia inglesa más poderosa. En fin, la búsqueda de una respuesta llevará a estos magos teóricos a encontrar a los dos únicos magos prácticos que quedan en Inglaterra, que son, como no podía ser de otra manera, los que dan título al libro.
Ya en Londres, primero el señor Norrell, y avanzada la historia Jonathan Strange, se empeñarán el uno en guardar celosamente los secretos de la magia del Rey Cuervo, y el otro en refundar la magia inglesa desvelando todos sus entresijos para provecho de la nación. En medio, participarán en episodios históricos de las guerras napoleónicas con el Duque de Wellington, con la intención de ayudar a la derrota del todopoderoso Bonaparte. También alternarán con Lord Byron, dibujado sobre el papel con toda su deliciosa excentricidad de poeta oscuro, y el rey Jorge III, a quien tratarán de sanar de su locura.
Esta novela supuso un éxito fulgurante para su autora, ha acaparado premios y elogios desde su publicación en el 2004 como los obtenidos en el año siguiente a la misma: el Hugo, el World Fantasy o el Mythopoeic. Es una verdadera obra de ingeniería literaria donde, con una verosimilitud fruto de un trasfondo cuidado hasta el mínimo detalle, nos sumergimos para viajar y viajar, hallando en nuestro camino recodos de auténtica magia, leyendas encantadoras y diatribas sin parangón.
La narración de esta originalísima joya es densa, no se trata de una obra ligera sino más bien todo lo contrario. Pero la recompensa es impagable, pues enfrascados en una prosa algo arcaica, de enjundia británica a más no poder a medio camino entre Austen y Dickens, nos toparemos con pasajes irrepetibles por su hermosura, perfecta confección y derroche imaginativo.
También merecen especial mención algunos de los personajes secundarios, como Childermass y Vinculus, construidos con pulcritud y carisma tales que querremos saber más de ellos. Sin embargo las ochocientas páginas largas no dan para más, y en este caso estamos de enhorabuena. Pues parece ser que Susanna Clarke trabaja en la actualidad en la escritura de una secuela de Jonathan Strange y el señor Norrell, que retomaría la historia tras el final de lo ya narrado; esta vez el protagonismo se centrará en las correrías de los mencionados Vinculus y Childermass.
Yo esperaré con ganas esa secuela, y si tú no lo haces, a buen seguro será porque no has degustado esta novela.
Ya estamos en verano, estación de días largos para leer con buena luz esas obras que en épocas de más estrés no nos atrevemos a acunar en nuestros brazos. Así que adelante, hazte con cualquiera de estos libros y, si te apetece, comenta en este foro, tan tuyo como mío, tus impresiones. Estaré encantado de debatirlas contigo.
De cualquier modo, mi fin ya ha sido cumplido. Gracias por permitirme mostrar estas magníficas novelas a tus ojos.
Te deseo un feliz verano repleto de lecturas inolvidables.
                



17 oct. 2013

El verano se fue como una aparición en fuga

¡Hola, una vez más!

Se acabó el verano. Por fin empieza a nublarse el cielo y los niños vuelven al cole, los adultos a nuestros trabajos y el trasiego a todas las casas. Los vendedores de gas, electricidad y enciclopedias vuelven a aporrear nuestros timbres, como una foto detenida que retorna a lo cinético. El tiempo del calor y las alergias pasó. No vale la pena preguntarse si el verano fue malo, bueno o regular. Como dijo el sabio, el pasado solo trae nostalgias, y el futuro no se sabe. Actuar en primera persona nos es dado solo en el presente, dentro del gran teatro de la vida.

Y así están escritas las dos primeras historias de género juvenil de las que os hablaré hoy —en primera persona—, dejando para el final un plato fuerte de esos clásicos, sí, de esos que a nosotros tanto nos motivan como lectores compulsivos que somos, pues conservamos un pedigrí innegable.

Empezaré con El espíritu del último verano (2011), de Susana Vallejo. Se trata de una historia para todos los públicos, donde por momentos rememoramos ese espíritu aventurero ingenuo de películas como Los Goonies o libros como los de la serie de “Los Cinco”, de Enid Blyton. Fran asume la voz protagonista en su regreso a la Casa del Árbol, una casa de campo donde cada año veraneaba junto a su familia. Ya desde una distancia de adulto, rememora aquel último verano donde, durante una de las sesiones de espiritismo familiares, un espíritu arroja una amenaza incierta sobre su familia: alguien morirá. A partir de entonces, Susana nos conduce con certera pluma en una búsqueda para encontrar el mayor de los tesoros: la juventud perdida.



Más allá del regreso a días idílicos, que erigen a la Casa del Árbol y sus alrededores rurales como un locus amoenus o lugar paradisíaco, destaco el estilo magistral con que Susana plasma la historia, y que probablemente le valió a su autora el XIX Premio Edebé. El espíritu del último verano es una obra que nos dejará un sabor cálido y llenará de magia nuestras horas de lectura.



Sigo con otra novela de Edebé, esta publicada en el 2010: Taibhse (Aparición), de Carolina Lozano. La obra nos traslada a Edimburgo, al colegio mayor Royal Dunedin, donde entramos de la mano de Liadan, una joven estudiante mitad barcelonesa, mitad escocesa. Allí descubrirá las leyendas de los fantasmas que forman parte del folclore de Edimburgo, entre ellas las de Caitlin y Álastair. Con el último vivirá una historia muy personal de amor más allá de la muerte, hablándonos en primera persona con la voz de Álastair y la propia Liadan. Se trata de una novela que se lee con pasmosa facilidad, lo cual es un acierto por parte de la autora que nos atrapa con una narración muy ágil.





Aunque argumentalmente se le podría achacar algún desajuste a la novela y al principio no me enganchó, a mí me compensó enormemente al poco de avanzar en su lectura, porque después sí que me atrapó y me la terminé en unos pocos compases. Es una novela juvenil de misterio con tintes de romántica, por lo que a pesar de una tétrica portada que podría sugerir una obra de terror, debemos tener en cuenta esto antes de embarcarnos en su lectura. Hallaremos tensión en sus páginas, pero no pánico.


Finalmente me sumerjo en la reedición de un clásico: La Fuga de Logan (ed. Hidra, 2012). Para los que no conozcáis este culmen de la ciencia ficción distópica, todo arranca en un mundo donde el ser humano tiene una fecha de caducidad temprana: a los 21 años todo ciudadano debe ir voluntariamente a sumergirse en el Sueño, del que ya nadie regresa. ¿Entonces por qué todos van como corderitos al matadero?, nos podríamos plantear e incluso dudar de tal guión, como sardónicos incurables que somos. Pues porque si uno no va, unos cuantos vienen a buscarlo: los Vigilantes, con pistolas de una munición variopinta que incluye desde paralizadores hasta explosivos, son los encargados de llevar a dormir a los niños malos. Logan es uno de ellos, un implacable brazo de la ley, pero cuando su papel de Vigilante pasa a ser el de inminente “soñador”, no será tan obediente…



George Clayton Jonhson y William F. Nolan escribieron esta odisea de ciencia ficción que, siendo producto de los dorados años 60 donde la superpoblación de la Tierra y la creación de los primeros superordenadores sacudieron la conciencia colectiva de la sociedad, ha trascendido sin embargo aquella época y sigue resultando una obra estremecedora. Respecto a esta edición, he echado en falta una mayor corrección ortográfica que en cualquier caso no llega a apagar la poderosa luz de La Fuga de Logan.
          Y hasta aquí puedo leer. 

          Volveré en próximas entregas con más comentarios sobre las novelas que voy degustando. También con algunas novedades sobre Butterfly u otras de mi obras. Posiblemente, os traeré cualquier sorpresa de colores bajo el brazo.

Hasta entonces, que las buenas letras y la fortuna sean con vosotros.

24 jul. 2013

En 1840, Bill podría haberse enamorado

LECTURAS PARA VERANO

Hola a todos.
De nuevo estoy por aquí para dejaros mis recomendaciones de lo que voy leyendo, mientras el país se convulsiona por la corrupción y la rumorología nos sugiere que no vemos más que la punta del iceberg, el verano ya llegó, sin embargo, y es el mejor momento para que el lector pernicioso pueda llevarse unos libros en ristre, cual alegre adarga de caballero quijotesco, a la playa o a la montaña, o a su casa si le da la gana, sin que los vendedores de gas y seguros lo interrumpan constantemente aporreando el timbre.
Dejo de embadurnarme en retórica y retorno a mis andurriales. Quienes ya me conocéis sabéis bien de mi afición a la variedad de géneros, y así os traigo tres diferentes una vez más: un cómic victoriano, una novela breve de ciencia ficción, y otra juvenil, que clasificaré como de fantasía urbana / romántica.


1840, La Rosa Secreta

Cuando sostenemos por primera vez entre las manos esta obra a medio camino entre la novela gráfica y el cómic, la sensación no puede ser mejor: tapa dura, una portada que nos muestra a cuatro personajes envueltos en misterio entre sombras y unos colores sobrios, más allá de un cristal quebrado... 





  No es fácil que nuestra mirada se fije en el libro que uno de los personajes sostiene, en un reflejo metaliterario de nuestro acto, aunque sí que es probable que un lector avispado repare en su mirada de desconfianza. Y si lo subrayo, por algo será. En cuanto abrimos la portada seguimos encontrándonos con una edición cuidada y detallista, llevada a cabo por Editores De Tebeos, cuyas siguientes publicaciones seguiré de cerca si rondan la calidad de la que nos ocupa. Y seguimos pasando páginas mientras ese delicioso aroma a hoja de tebeo sacude nuestras fosas nasales, para leer el prólogo de Enrique Martí, que nos sumerge a la perfección en la época decimonónica y nos traslada con pulso firme a Londres, capital de la Revolución Industrial y el colonianismo que cambiarían el mundo tal y como se conocía hasta entonces. Desde Anatole France, el novelista, hasta Eliphas Lévi, el ocultista, existe un hilo que es fácil de tender pero no de embrollar, y Mª. Carmen Pardo, guionista de 1840, lo ha urdido a la perfección para mantener el misterio de la trama a la vez que nos va mostrando a personajes dignos de tan sugerente época. Las entradillas que preceden a cada parte de la historia no podrían ser más adecuadas, presentando a los personajes con una prosa certera. Entre los personajes me llama la atención Aislin O'Geal, una caradura que nos arrancará más de una sonrisa. El lapicero y las tintas de David Belmonte se conjuntan con el guión para crear una conjura de tonos oscuros que resalta el aura de época, recreando el ideal transmitido por Arthur Conan Doyle, Charles Dickens y tantos otros. El único punto negativo, si se puede considerar así, es que en las primeras dos páginas podemos notar esa diferencia entre el cómic americano, más directo, y el europeo como éste que nos ocupa, que busca más el efecto conjunto de la página que el individual de la viñeta. Pero enseguida la vista se acostumbra y nos adentramos en una historia de 100 páginas que, por fortuna, es solo la primera de tres entregas. Esperemos que EDT no nos haga esperar demasiado, porque repito, la historia engancha y guarda un buen puñado de incógnitas que me dejan, como lector, con una necesidad imperiosa de proseguir cuanto antes.

Bill, héroe galáctico

Hablando de "Imperios". Si estás un poco cansado de ciencia ficción hard, pero eres adicto a las odiseas de la Última Gran Frontera (el espacio sideral), entonces esta es tu lectura. Ésta, y Butterfly (guiño). 




  Bill, héroe galáctico, es un pequeño y enorme libro: pequeño por su extensión en páginas, enorme por la maestría con que nos hace reír y disfrutar de una narración vibrante, excitante, desternillante y varios "-ante" más (deslumbrante, acojonante...). El prólogo de sus traductores, Antonio Rivas y Natalia Cervera, nos mete en cintura y nos sitúa en la prehistoria de este diamante que se publicó en sus orígenes por entregas, allá por 1965, y que tras pasar por Ultramar en 1998 con una traducción menos afortunada que la que hoy podemos disfrutar (por lo que he leído en otras reseñas), llegó hasta mis manos en esta fenomenal reedición de Gigamesh del 2010. Hay frases míticas en este libro como la escrita en los tablones del suelo de los váteres: "MANTËN LIMPIAS LAS DUCHAS, EL ENEMIGO TIENE ESCUCHAS". Pero no solo eso, sino que la prosa de Harry Harrison es vibrante, explosiva como la de la época pulp, época dorada de la cifi y la literatura de género de la que bebe el autor para armar su parodia de Asimov y Heinlein, principalmente. Poco más puedo añadir a las muchas líneas que han corrido ya sobre Bill, ese especial héroe galáctico que se enfrenta a los chíngers allá donde el Imperio le obliga, aunque él solo aspiraba a ser un buen Operario Agrícola cuando paseaba a su robomula... Miento, mención especial para la portada que atrapó la mirada de una amiga mía más observadora que yo, y que luego supe que encierra un "fallo" que no es tal, sino otro acierto. Acércate e invierte unas pocas horas en su lectura y tu verano será alegre y ufano como pocos. Garantizado por un servidor. Pero cuidado, probablemente te pasará lo que a mí: querrás más.

Amor inmortal

Os traigo ahora una lectura para esos momentos en que estamos un poco plof y querríamos ver un maratón de Sálvame, pero como somos seres pensantes no somos capaces de rebajar nuestro cociente hasta esos niveles denigrantes y preferimos coger un libro ligerito, pero con su gracia, oíga. Eso es Amor inmortal, publicado por SM y traducido por Angélica López González en 2011.



  Esta novela de fantasía urbana romántica rompe con el tópico típico de que en las grandes editoriales no hay mezcla de géneros, algo que he oído más de una vez por aquí y por allá y que me parece una memez supina. Los géneros están para mezclarlos y crear nuevos, también para volver a ellos de vez en cuando, pero ambas fuerzas, centrípeta y centrífuga, se complementan y sostienen con vida gracias a la existencia de la otra. Sergio dixit. Vuelvo a la novela en cuestión, que me sale el justiciero que todos los frikis llevamos dentro. Cate Tiernan, la autora, que por lo que sé empezó a hacer sus "pinitos" en el mundillo como editora de Random House Mondadori, ha conseguido crear una narración sin ningún alarde estilístico, pero con mucha miga. La protagonista, Natasya, esconde un oscuro pasado con un secreto que casi ha olvidado ella misma, y pertenece además a una casta de inmortales (este no es el secreto, obviously). La gente con la que se junta son bastante malotes, inmortales que se pasan las noches de juerga y los días de resaca, hasta que uno de ellos, Incy, se pasa de la raya y Nat se da cuenta de que no quiere seguir por ese camino. Entonces se irá a otro lugar, especie de casa hippie adonde todos querríamos ir alguna vez para encontrarnos con nosotros mismos, pero claro no todos somos inmortales. De los personajes de allí, especialmente atractivos resultan el "dios vikingo" Reyn, y River, la más antigua de todos los inmortales que conoceremos. Me llamó la atención lo bien tratada que está la magia en la novela, recordándome en cierta medida al juego de "Mago: la Ascensión". También el hecho de que no hay un grandísimo misterio, sino uno pequeño pero muy bien llevado por la autora.


Y con estas tres lecturas deberías de tener suficiente para pasar un verano de lo más entretenido y constructivo. Si te sobra tiempo y aún no lo hiciste, me permitirás que te recomiende leer Tormentas de verano para refrescarte un poco las ideas literarias, o Más allá de Némesis para enriquecer la posibilidad de que este mundo se vaya al pedo con ciencia ficción patria. 
  Solo me queda desearos que disfrutéis de una feliz estación calurosa, tras la cual volveré con la siguiente entrega (la que hace 3 de 5) de Butterfly. Además, probablemente, os daré alguna jugosa novedad más.
  Hasta entonces, leed y sed felices... Yo ya bajo la persiana y en ella pone:

CERRADO POR VACACIONES ("SÚBETE LA BRAGUETA, EL ENEMIGO NO VEGETA").